
A veces, en enjambres, se tejen mimbres.
A veces, descubres, a las siete de la mañana, vocaciones que tomaste por entretenimientos.
El oficio de músico es un camino lleno de loscos de variados tamaños: pequeños y puntiagudos y capaces de hacer sangre, otros, brutales, te aplastan los pies y otros, mojados por pecados capitales, te hacen resbalar, perdiendo el equilibrio.
Pese a ello, las microintensidades que sacuden el conocimiento, como sonrisas tenues en un amanecer, permanecen vívidas y aleteantes, llenas de chispas doradas, y así duermen.
Es tan grande, tan grande y tan pequeño al mismo tiempo...
Porque el gozo, tontico, está en tí, muy en el fondo, al sentir la vibración, el ruido y la furia... y también el instante único e irrepetible, pequeño, casi inaudible. Tú eres tu público, tus palmaditas en la espalda, tus abrazos y tus sonrisas cómplices a lo lejos.
No necesito más.
(Foto: Javier Alemán)
hummm q tierno y que bonito..
ResponderSuprimircada día vuelvo a sorprenderme con vosotros gratamente.
sr.galinsoga, tiene vd. la sensibilidad d quien se emociona y siente ternura c lo mínimo. será la proximidad a nuestro otro poeta el sr.chilam?
delicioso..
como mama d una cachorrilla, estas lineas realmente me emocionan..
le envío un abrazo, y un beso a quien lo sabe.
Me doy por aludido y te envío otro beso electromagnético e interestelar.
ResponderSuprimirNo es poesía precisamente lo que se me pega de Chilam! hsahhhahaha!
ResponderSuprimirAcuso recibo. Gracias.